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27 feb2013

Elecciones italianas

Las elecciones italianas celebradas antes de ayer han centrado la atención de toda Europa durante las últimas 72 horas. Italia es probablemente, junto a Argentina, el país políticamente más complejo del mundo, y que la situación económica europea dependiera de la estabilidad política del país transalpino era poco tranquilizador. Como vaticinaban las encuestas, los resultados convierten Italia en un país ingobernable o dependiente de alianzas poco tranquilizadoras. El incremento de la prima de riesgo en las últimas horas y los efectos sobre la bolsa son dos torpedos en la línea de flotación de la frágil economía europea.  El resultado, tal como ha dicho el candidato del PD, Bersani, pone en entredicho la estrategia seguida por Merkel y sus acólitos con los países del sur de Europa.

Me gustaría incidir en algunas causas y consecuencias de la situación actual.

La historia se repite. La Gran Depresión provocó en Europa la irrupción del fascismo y el nazismo con unos resultados devastadores. El fascismo y el nazismo eran la versión extrema del populismo que hoy campa a sus anchas por Europa. La desesperación generada por la crisis provoca que la ciudadanía se eche en brazos de opciones políticas que proponen soluciones milagrosas. La culpa no es de la ciudadanía; es de una política tradicional ensimismada en su propia incapacidad para resolver problemas reales de la gente.

La política no se puede diseñar desde arriba. El proyecto Monti ha fracasado igual que en su día fracasó el proyecto Roca en España. Nadie puede subvertir el derecho ciudadano a decidir en democracias consolidadas como las europeas. Los italianos han castigado la arquitectura  tecnocrática de Merkel apoyando propuestas beligerantes con la actual Europa, como son las de Berlusconi y Beppe Grillo.

La próxima dialéctica ideológica no será izquierda vs derecha, sino democracia vs populismo. La ciudadanía está cansada. No encuentra alternativas reales entre unos partidos  y otros, ya sean de derechas o de izquierdas. Las diferencias en una economía globalizada y en el marco de la UE, donde Alemania impone con puño de hierro la política económica de las endeudados países del sur, están muy diluidas y eso provoca el auge de posiciones políticas distintas. Opciones que plantean soluciones mágicas, frases grandilocuentes y promesas imposibles de cumplir.

La ingobernabilidad italiana pone en riesgo el proyecto europeo. Italia no es Grecia. Es más, no es ni España. Es el tercer país de la zona euro y el efecto inmediato de los resultados electorales puede ser devastador.

Incertidumbre. Lo más probable es que no se alcance un pacto de gobierno en el Senado. Bersani cavaría su tumba política si pacta con Berlusconi, y Grillo no está dispuesto a ningún acuerdo de legislatura. Por tanto, habrá nuevas elecciones en pocos meses.

La incertidumbre es la peor enemiga de la bonanza económica. Miren lo que sucedió en Grecia, multipliquen ese efecto por 10 y tendrán el resultado de jugar con la ciudadanía.

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