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3 jul2012

El PRI cabalga de nuevo

[caption id="attachment_801" align="alignleft" width="300" caption="Dialoga Consultores en México con el PRI"][/caption]

El PRI nació como un instrumento para unir y pacificar al país por medio de las instituciones, después de una cruenta revolución, y dirigió los designios de México entre 1929 y el 2000. Setenta y un años, nada más y nada menos, con sus luces y sus sombras, que fueron inyectando en el país una fuerte pulsión de cambio —un motor que suele resultar imparable en política— que lo llevaron a perder el poder de manos de Vicente Fox y del PAN. Hasta aquí todo es historia.

En las anteriores elecciones presidenciales, el desgaste del PRI les arrastró a convertirse en la tercera fuerza política, siendo adelantados, por la izquierda, por un López Obrador (PRD), que perdió la presidencia frente a Felipe Calderón por solo 0,5 puntos de diferencia en un proceso salpicado de denuncias de fraude. Pocos partidos hubieran podido rehacerse en estas circunstancias y, sin embargo, el pasado domingo Enrique Peña-Nieto, al frente del PRI, se ha hecho de nuevo con las riendas del país, venciendo a Josefina Sánchez Mota que, tras una poco efectiva campaña —muy en la línea de contraste seguida en los últimos comicios por el PAN— fue poco a poco perdiendo fuelle, hasta ser rebasada por un López Obrador que tampoco ha conseguido detener la campaña imparable de Peña-Nieto. (Para más información puedes consultar nuestra entrada en el blog de 19 de diciembre de 2011)

La primera de las claves de esta "resurrección" del PRI se encuentra, sin duda, —como también suele ser habitual— en los errores de su principal adversario, que recibió la confianza de los mexicanos durante dos mandatos consecutivos: doce años, en los que México terminó arrasado, padeciendo más de 50.000 muertos a causa de los "narcos", cuando el gobierno de Felipe Calderón (PAN) había prometido una "guerra contra el narcotráfico" que, a la postre, ha sido percibida por gran parte de la población como una mera escenificación del gran teatro político, fruto de un momento de máxima debilidad. Como le dijo a la agencia Reuters José Luis Esparza, un vendedor ambulante de 38 años de Guadalajara: "Conocemos al PRI. No conocíamos al PAN, les dimos la oportunidad y terminó con un error tras otro. Lo que tiene el PRI es experiencia en el poder". Como muy bien explica Luis Prados en su artículo de El País,  "la gestión de Calderón —12 millones de nuevos pobres, empleo informal en aumento, escaso crecimiento económico y miles de muertos en la guerra contra el narcotráfico— fue una carga demasiado pesada para una candidata que cometió numerosos errores durante la campaña".

Pero no sólo en los errores del PAN encontramos las claves de este clamoroso éxito electoral. Hay que reconocer que la campaña de Enrique Peña-Nieto, pese a tener que superar algunos problemas serios de comunicación, ha sido un éxito en todos los sentidos, explotando cuatro aspectos que, creo, han acabado resultando decisivos en unas elecciones que han tenido una recta final tremendamente apretada:

Una buena gestión como Gobernador del estado de México que, bajo el lema "te lo firmo y te lo cumplo", certificaba ante un notario la realización de sus promesas electorales. El PAN intentó arremeter con una fuerte campaña negativa contra este aspecto tan positivo del candidato que, consiguió el efecto contrario: como en el título del libro de Lakoff, al mencionar el tema, lo que hicieron fue colocarlo a la vista de todos, poniendo de manifiesto lo mucho que Peña había conseguido hacer al frente de su Estado.

Una gran estructura detrás de él. El PRI, pese a estar fuera de la presidencia durante doce años, no se convirtió nunca en una estructura fuera del sistema, lo que lo hubiera abocado prácticamente a la desaparición. El PRI mantuvo gran parte del poder local y estatal, así como su estructura de partido fuerte. Una enorme maquinaria electoral y de poder, en cuyo seno se crió Enrique Peña-Nieto, y que ha sido capaz de llevarlo en volandas al Palacio de Gobierno.

Una impecable y moderna campaña de imagen. La imagen de la campaña del PRI ha sido cuidada y medida hasta el límite y, sin embargo, nunca ha caído en el error de parece "pre-fabricada". Peña-Nieto siempre ha sido el candidato más amable, el que más se ha mezclado con la gente y el más cercano. Su familia, fundamentalmente su esposa, ha desempeñado —y me aventuro a presumir que seguirá siendo así en el gobierno— un papel primordial. Sirva como muestra su colección de vídeos que rodó ella misma bajo el título de "Lo que mis ojos ven y mi corazón siente" y que pueden verse en Youtube.

La identificación con la social-democracia de centro-izquierda. Quizás esta última clave sea la menos conocida y reconocida públicamente, pero para mí ha resultado fundamental. En un país —cosa muy frecuente en Latinoamérica en los últimos tiempos— que parecía condenado a la radicalización del enfrentamiento entre la izquierda menos centrada (PRD) y un PAN que cada vez se situaba más a la derecha, el PRI ha sabido mostrarse como un partido de centro-izquierda en la más pura tradición socialdemócrata, identíficando a Peña con figuras de primer nivel mundial y regional como Felipe González, Michelle Bachelet, Lula da silva o José Mújica, bajo el lema “Una izquierda alternativa es posible”. Una estrategia que ha servido para captar votos en el centro político, que otrora votaron al PAN y también al PRD de AMLO y en la que se encuadraban frases como "Tenemos que impulsar una renovada economía de libre mercado, pero con sentido social. Una economía que genere empleos y distribuya mejor la riqueza, para combatir la pobreza y la desigualdad que aún agobian a millones de mexicanos".La victoria del PRI es, por tanto, la victoria de un partido que ha sabido posicionarse en el centro político, desatendido por sus adversarios.

Enrique Peña-Nieto es ya Presidente electo de México y afronta un futuro en el que, desde el primer momento, ha sabido entender, perfectamente, una de las claves para el desarrollo futuro del país: "más democracia", siguiendo la senda marcada por algunas de las mentes más preclaras del priísmo, como la del Profesor Otto Granados, Director General del Instituto de Administración Pública del Tecnológico de Monterrey, quien asegura que, para México, más democracia y seguridad jurídica siempre han significado más crecimiento y más desarrollo.

En definitiva, en propias palabras del Presidente electo, él representa a "una nueva generación, no hay vuelta al pasado". Una nueva generación de políticos priístas que no renuncian al pasado de su partido, pero que están dispuestos a construir un México más moderno, más democrático, más seguro y que vuelva a ocupar el lugar preponderante en la política y la economía de la región, que nunca debió perder.

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