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3 mar2016

España, hacia un gobierno de coalición

Desde que las elecciones del 20-D dibujaran en nuestro país un escenario inédito, hay una idea que se repite como un mantra: en España no hay cultura de coalición. “No estamos acostumbrados a pactar”. Estas afirmaciones, sin embargo, contrastan con la realidad que llevan viviendo las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos desde hace años. Concretamente, desde 1980, el 40% de los 234 Gobiernos autonómicos han sido de coalición según los datos del Observatorio de los Gobiernos de Coalición en España (1). De hecho, esa forma de gobierno es la habitual en Aragón, Baleares, Canarias, País Vasco, Cataluña o Navarra. Esta dilatada experiencia autonómica en ejecutivos de consenso nos ha dejado, además, ejemplos memorables de la más variada índole que conviene recordar. Para muestra un botón, o dos:

Por ejemplo, si viajamos al año 2003, recordaremos el momento en el que Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria, accedió a su segundo mandato a pesar de que el Partido Regionalista de Cantabria era la tercera fuerza en el Parlamento regional. Fue el PSOE —por iniciativa de su secretario general entonces, según Revilla—, la segunda fuerza, quien le dio la presidencia ante el PP, que había ganado las elecciones.

O podemos trasladarnos a 2007, cuando el socialista Francesc Antich batió todos los récords al presidir en Baleares un gobierno de seis partidos: además del suyo, lo integraba Unió Mallorquina y la coalición del Bloc (formada por el Partido Socialista de Mallorca, Izquierda Unida, Los Verdes y Esquerra Republicana).

Y así llegamos hasta 2016, instante en el que el Parlamento nacional se encuentra por primera vez ante una encrucijada de sobra experimentada por el resto de niveles administrativos. Se impone la necesidad de alcanzar un gobierno de coalición y esto es novedad en lo que se refiere al Gobierno de España. Se trata de un nuevo horizonte que deja atrás las 10 legislaturas de gobiernos monocolor (seis de mayoría simple y cuatro de mayoría absoluta) que han transcurrido desde la restauración de la democracia.

Pero , ¿es España el único país de nuestro entorno en esta situación?

La respuesta es sí. España se convirtió en la única democracia de Europa occidental sin experiencia en gobiernos de coalición en mayo de 2010. Fecha en la que, tras unas elecciones británicas que tuvieron como resultado un hung parliament (“parlamento colgado”) en el que ningún partido tuvo mayoría absoluta, David Cameron formó un gabinete de coalición entre conservadores y liberal-demócratas para poner fin a 13 años de gobierno laborista. Era el primer gobierno de coalición que se formaba en Reino Unido en 70 años tras el pacto, en plena Segunda Guerra Mundial, entre Winston Churchill y el líder laborista Clement Attlee. En todo caso, además de España y Reino Unido, varios son los países de nuestro alrededor que han estado en las últimas décadas gobernados por un sólo partido. Es el caso de Grecia, Malta, Portugal o Suecia.

Distinta es la experiencia de los países fundadores de la Unión Europea; Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos, que desde 1945, cuando terminó la gran contienda, han estado gobernados la mayor parte del tiempo por ejecutivos conformados por ministros de varios partidos políticos. Esta tendencia se ha incrementado en los últimos años. Los resultados electorales poco concluyentes, los pactos y las concesiones para formar gobiernos de coalición ya no son la excepción sino la norma.

Y en la actualidad, ¿siguen siendo la norma los gobiernos de coalición? ¿Son muchos lo países con “grandes coaliciones” lideradas por partidos de izquierda y derecha?

Vayamos por partes. Resolver la primera cuestión es fácil teniendo en cuenta que, hoy, 22 estados miembros de los 28 que componen la UE cuentan con ejecutivos en los que al menos dos partidos políticos están representados a nivel ministerial. En concreto, la situación gubernamental de los países que integran nuestra comunidad política (dejando a un lado a España e Irlanda que están en stand-by) es la siguiente:

  • 5 gobiernos de mayoría absoluta, en los que tres son de derecha (Reino Unido, Polonia y Hungría) y dos de izquierda (Eslovaquia y Malta).

  • 2 gobiernos en minoría, siendo uno de corte liberal (Dinamarca) y otro de izquierdas (Portugal).

  • Y 20 gobiernos en coalición, estando 7 liderados por partidos de izquierda (Suecia, Francia, Italia, Austria, Grecia, República Checa y Lituania), 6 encabezados por formaciones liberales (Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Finlandia, Estonia y Eslovenia), 5 capitaneados por partidos de derecha (Alemania, Croacia, Bulgaria, Letonia y Chipre) y, por último, un gobierno tecnócrata (Rumanía).

Por otro lado, si tenemos en cuenta la adscripción de los partidos políticos nacionales en el Parlamento Europeo, siete ejecutivos serían grandes coaliciones o gobiernos con al menos un representante de izquierda y otro de derecha: Alemania, Italia, Austria, República Checa, Grecia, Estonia y Lituania.

Incluso la propia Comisión Europea es un ejemplo de ello, ya que está conformada por 28 comisarios, uno por Estado miembro, que pertenecen a diferentes partidos políticos europeos: 14 de centro-derecha (PPE), 8 socialdemócratas (PSE), 5 liberales (ALDE) y un conservador euroescéptico (ECR). Además, en el Parlamento Europeo conviven ocho grupos parlamentarios y en la práctica se suele necesitar al menos los votos afirmativos de tres de ellos para aprobar las resoluciones. La Unión Europea está gobernada por una gran coalición.

Todo esto está muy bien, pero, ¿qué funciona mejor, un gobierno mayoritario o uno de coalición?

A esta pregunta intentó responder en Modelos de democracia. Formas de gobierno y resultados en 36 países (Ariel, 2000) el politólogo holandés Arend Lijphart, que examinó el desempeño de 36 democracias modernas dividiéndolas entre un “modelo de Westminster” o mayoritario con un poder más concentrado y un “modelo de consenso” basado en sistemas multipartidistas y división de poderes. Su conclusión es que ambos modelos propician resultados similares a nivel económico (crecimiento e inflación), aunque los gobiernos de coalición típicos de las democracias de consenso tienden a incrementar más el gasto público que los gobiernos monocolor. No obstante, las democracias de consenso superan a las mayoritarias al facilitar la gestión de conflictos, propiciar políticas públicas que se aproximan más a las preferencias de los votantes y asegurar una mayor representación de mujeres.

En este sentido, las coaliciones son positivas porque crean un nuevo estilo de consenso político entre los partidos de la coalición (que no tiene por qué extenderse a los que quedan en la oposición) y más rendición de cuentas ante el Parlamento (dificulta el rodillo decisional o la falta de debate en casos controvertidos). En una coalición los partidos ganan poder frente al Ejecutivo. En cambio, como puntos negativos, tomar decisiones puede ser difícil – suelen conferir capacidad de veto a más actores (2)– y la rendición de cuentas se resiente ante los electores (se desdibuja quién es el responsable de la gestión). Los ciudadanos pierden poder frente a los partidos (3).

Así, ante la pregunta de qué sistema es mejor la respuesta sigue estando en el aire. En todo caso, lo que está claro es que Europa, y en especial España, avanza hacia un mapa cada vez más fragmentado. Y en este contexto se antojan coaliciones cada vez más complejas y más ricas en matices. Los resultados poco concluyentes alcanzados tras las últimas elecciones nos obligan a cuestionarnos: ¿será el próximo gobierno uno de grandes acuerdos programáticos o se basará en simples apoyos de investidura? El reloj está en marcha. Comienza una nueva etapa caracterizada por la transacción y los compromisos.

 

(1) http://www.ub.edu/OGC/index_es.htm

(2) Tsebelis, George. https://sites.lsa.umich.edu/tsebelis/

(3) Molina, Ignacio. Real Instituto Elcano. http://www.blog.rielcano.org/autores/ignacio-molina/

 

 

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