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22 jun2017

Pedro Sánchez, la victoria de la Nueva Política

El 15 de mayo de 2011, a raíz de una manifestación convocada por diversos colectivos sociales, nació en España el movimiento de los indignados, que incluso traspasó fronteras e inspiró muchos movimientos de protesta en todo el mundo.

Miles y miles de personas se movilizaron a lo largo y ancho del territorio español para protestar por la situación de deterioro económico, político y social que golpeaba al país.  Expresaban de manera pacífica la falta de conexión con amplias capas sociales con los partidos del sistema (PP y PSOE) que habían monopolizado el poder desde el advenimiento de la democracia. Exigían una mayor participación política de los ciudadanos, que fuera más allá del ejercicio del voto cada cuatro años. Hartos de promesas incumplidas, mostraban así su indignación ante un sistema del que se sentían excluidos y que no les representaba.

En ese contexto de movilización en la calle, la clase política y los medios de comunicación tradicionales exigieron a esos miles y miles de personas que, si querían hacer política, crearan un partido en vez de protestar en la calle. Olvidaban que ambas cosas eran compatibles como pronto se demostró.

El efecto de esta demanda fue el contrario al que perseguían, puesto que a un lado y al otro del espectro ideológico, nacieron esos partidos “transformadores del sistema” (que no antisistema) que han modificado la estructura política y electoral española para los próximos decenios.

El nacimiento de Podemos y el auge de Ciudadanos han supuesto una patada al tablero político español. Jamás, salvo los dos grandes partidos, otra fuerza política había logrado superar la barrera de los cuarenta diputados en la Cámara Baja, y condicionar con ello, la política del país.

Durante estos años, un slogan se impuso en la calle; PP=PSOE, que representaba en sí mismo, el rechazo al bipartidismo que venía alternándose en el poder desde 1982.

En las primeras elecciones en las cuales se presentaban por primera vez los partidos de la nueva política (Elecciones europeas de 2014), la suma de PP y PSOE no lograba alcanzar el 50% de los votos. 

 

Los resultados del bipartidismo (PP y PSOE) fueron muy parecidos en las elecciones generales de 2015 (50,73% de los votos) y de 2016 (55,69%). Si echamos la vista atrás, en las elecciones generales de 2008, la suma de PSOE y PP representó el 83,81% de los sufragios y en las de 2011, el 73,39%.

El desgaste político originado por la crisis, si bien golpeó a ambas fuerzas políticas, fue mucho mayor para el PSOE, dado el auge alcanzado por Podemos, el partido de Pablo Iglesias. Ello provocó una crisis sin precedentes en el “histórico partido” (138 años de historia), al que algunos analistas daban ya como un residuo de la historia que tendía irremisiblemente hacia la pasokización. A pesar de las derrotas electorales de 2015 y 2016, el PSOE logró salvar su posición como principal fuerza de la oposición, evitando con ello el sorpasso de Podemos.

Esto no evitó que se produjera el derrocamiento de Pedro Sánchez como secretario general en el esperpéntico Comité Federal del 1 de octubre de 2016 y la convocatoria de unas primarias perfectamente diseñadas para la victoria de Susana Díaz, la candidata del aparato, de la nomenklatura socialista y del poder económico y mediático, en la que se confiaba como garante de la estabilidad del sistema de partidos de la Transición.

Cuando todos lo daban por muerto, Pedro Sánchez supo leer mejor que nadie el sentimiento generalizado entre los militantes y votantes socialistas, que no entendían como su partido estaba dispuesto a apoyar las políticas conservadoras de Mariano Rajoy. El NO ES NO a Rajoy se convirtió en el grito de guerra de la militancia de base, que se rebeló contra el poder establecido y otorgó una abrumadora victoria a Pedro Sánchez en las primarias.

La victoria del flamante secretario general se sustentó en una estrategia basada en dos ejes dialécticos con un profundo efecto emocional:

  1. SOMOS LA IZQUIERDA.  Frente a la candidatura de Susana Díaz, que representaba una socialdemocracia light, bien vista por las élites económicas, Pedro Sánchez se proclamó como adalid de la izquierda dentro del PSOE. Con ello, tocó la fibra sensible de miles de socialistas de base hastiados de que se les identificara con ser lo mismo que el PP y hartos de ver cómo sus hijos optaban por Podemos, la fuerza política que aglutinó la mayoría del voto indignado, en vez de por el partido que había transformado el país en la década de los 80.
  2. REPRESENTAMOS A LA MILITANCIA FRENTE A LA OLIGARQUÍA DEL PARTIDO. Con matices, este eje estratégico se parecía, dentro del marco de las primarias, al que planteaba Podemos al inicio de su andadura política, inspirados en el populismo de Laclau , PUEBLO VS CASTA.

Contra todo pronóstico y lo que es más importante, frente a todos los poderes (mediáticos, económicos, aparatos del partido, etc.), Pedro Sánchez ganó con rotundidad, convirtiéndose en el primer político que vence al sistema.

A partir de ahora, nadie podrá acusar al PSOE de ser cómplice del PP. Se impuso el NO a Rajoy. Vencieron los débiles frente a los poderosos. Venció la nueva política frente a la vieja política. Y por ello hoy, Pedro Sánchez es sin ninguna duda, la gran esperanza de la izquierda española para desalojar a Mariano Rajoy de la Moncloa, tal como marcan ya las encuestas.

El viejo PSOE al que muchos daban por muerto ha vuelto a reinventarse y ocupar un papel protagonista en el tablero político español.

Como decía Don Juan Tenorio, “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”

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